LA ADAPTABILIDAD
La adaptabilidad es una habilidad blanda cada vez más importante. Significa tener flexibilidad para actuar frente a nuevos escenarios y desarrollar tu capacidad emocional para sobrepasar las frustraciones que ocurren al salir de tu zona de confort.
Vivir dentro de tu zona de confort te da seguridad. Es un lugar donde te mueves como pez en el agua, con máxima eficiencia y mínimo desgaste. En esta zona, tú eres el experto y puedes predecir y prevenir magistralmente.
El problema de quedarte dentro de tu zona de confort es que frena tu crecimiento, te atrapa en lo habitual y te debilita para adaptarte a nuevos escenarios.
Por otro lado, salir de tu zona de confort implica un riesgo, genera angustia, estrés, desgaste, ineficiencia, miedo, ¡pánico! Afuera todo es nuevo y tu eres un novato, no puedes predecir ni prevenir, y sientes la ansiedad de la inexperiencia o el desconocimiento.
Entonces, ¿por qué alguien querría salir de su zona de confort? Pues porque la realidad es que el hábitat en que vives cambia continuamente, y tu zona de confort puede desaparecer por completo en cualquier momento.
Una buena capacidad de adaptación va a determinar cómo afrontas los cambios y cuán bien podrás aprovechar las oportunidades que se te presentan. Por lo tanto, no te queda otra opción (sostenible) más que desarrollar tu capacidad de adaptación. Esto requerirá un empuje adicional que te saque de tu zona de confort y te lance al vacío. O, por lo menos, así se siente.
La buena noticia es que hay estrategias para minimizar el impacto negativo del cambio y, más bien, sacarle provecho a las oportunidades que te trae. Aquí te lo explico:
Imagínate tres círculos concéntricos, donde el centro es tu zona de confort (verde), el medio es tu zona de aprendizaje (amarillo) y el borde es la zona de pánico (rojo).
Cuando tu situación cambia en exceso o demasiado rápido, tu zona de confort puede desaparecer y dejarte en plena “zona roja”. Aquí es cuando tus instintos de “luchar o huir” te secuestran.
Sin embargo, si tú amplías tus zonas verde y amarilla, no solo tendrás más tolerancia y estarás más preparado/a para entrar en la zona roja, sino que también tendrás que entrar mucho menos veces en ella, pues será relativamente más pequeña.
¿Cómo podemos desarrollar nuestra adaptabilidad?
Si tuviera que elegir tres recomendaciones para darte, serían las siguientes:
1. Aprende constantemente
Mantén siempre una mentalidad de aprendiz, una mente investigadora y una curiosidad de niño. Es clave que siempre estés aprendiendo algo nuevo, desde un curso formal hasta la lectura de libros, revistas especializadas, documentales serios, etc.
Libera tu curiosidad y ábrete a temas que normalmente no prestarías atención, a nuevas ideas y diversas influencias. Rompe tu rutina diaria y vive nuevas experiencias, quizás un viaje diferente, un nuevo hobbie o ese deporte que dejaste pendiente.
Aprende sobre lo que se viene, lo nuevo en tu entorno o cualquier tema novedoso. Esto te ayudará a adelantarte al cambio. Recuerda que, aunque no puedas influir en el cambio, sí puedes prepararte para él.
Pregúntate cada noche: ¿qué aprendí hoy? Y anótalo en una libreta para este fin.
2. Identifica tu zona de control
Analiza qué depende de ti, qué está dentro de tu zona de influencia y qué está fuera de tu control. Las leyes de la vida no tienen intención, orden o prioridad, simplemente se dan, así que sé plenamente consciente de ello y enfócate en donde puedas generar un impacto.
No trates de cambiar lo que está fuera de tu zona de control, ya que ese camino te llevará directo al fracaso y a la frustración. Concentra toda tu energía ahí donde puedes hacer una diferencia.
3. Ten una mentalidad positiva
¡No te quejes! Analiza la situación y busca soluciones. La queja te ancla al problema, te corta las alas y drena tu energía. Una mente positiva es consciente de los problemas pero se enfoca en buscar las oportunidades hasta que las encuentra.
Mantén el optimismo y no te centres solo en la “conclusión negativa”, la cual, efectivamente, podría ser negativa. Mira lo que aprendiste, reflexiona, observa los aciertos y beneficios. Agradece que no fue peor, aprende de ello y hazlo mejor la próxima vez.
La mentalidad positiva se transmite a tu entorno generando un impacto positivo que luego influye de vuelta en ti.
Finalmente, te comparto algo que me ha ayudado mucho y pienso que te puede ser útil a ti también: Pierde el miedo a conectarte con tu dolor, acéptalo con humildad y llóralo todo lo necesario. El duelo es fundamental para dejar salir el dolor y dejar espacio para la felicidad.
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