“A veces tu alegría es la fuente de tu sonrisa, pero a veces tu sonrisa puede ser la fuente de tu alegría”
-Thich Nhat Hanh-
Desde pequeños se nos enseña que la madurez tiene que ver con la seriedad y la responsabilidad. Así, cuando crecemos, creemos que somos maduros porque nos ponemos serios, somos realistas y nos olvidamos de soñar. Y poco a poco, acabamos aprendiendo a reprimir cualquier atisbo de sonrisa.
La sonrisa es un puente perfecto para la comunicación, la sonrisa tiene muchos más efectos, como proyectar una imagen más segura de quien la ofrece y aumentar la confianza en uno mismo. Es optimismo y alegría, nos ayuda a establecer vínculos sociales y a mantenerlos. Es, por tanto, un arma muy poderosa. Nos saca la negatividad de los problemas y nos cambia el punto de vista para enfrentarnos al día a día. Es como si cambiaras los polos de negativo a positivo, y no requiere de ningún esfuerzo.
Si te animas a regalar sonrisas en tu vida cotidiana, adelante. Verás que los resultados son infalibles y realmente mágicos. Sonríe al panadero, al cajero del supermercado y hasta a tu compañero de asiento. Te darás cuenta en breve de que la sonrisa es un motor de buenas emociones y que contagia el buen clima a tu alrededor.

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